Misioneras Teatinas de ayer y hoy...

RENACER


Hay dos momentos en el año (a parte de otros muchos) en que siento la maravilla de la vida: Después de las primeras lluvias y después de quemar los campos cuando éstas se terminan.
Al final de la época seca el paisaje esta amarillo, árido, la tierra resquebrajada por la sequía y un ambiente de pobreza material que si las lluvias tardan en llegar, la gente sufre un desánimo general pensando “qué va a ser de nosotros si no llueve pronto”.
Al principio de la época seca, cuando ya se han terminado las lluvias y todo empieza amarillear, los berbas, tienen la costumbre de quemar el campo. No he logrado habituarme a ésta práctica. Lo queman todo. En dos días la tierra devastada queda cubierta de una capa de ceniza negra; los arbustos intentan mantenerse en pié enganchadas sus ramas a un fino tronco que se ha salvado.
Dos realidades distintas, pero las dos signo de desolación, de tristeza e incluso de desesperanza… ¡No hay signo de vida!
¿Por que en estos momentos aparentemente negativos siento que la vida bulle en el fondo? ¿Experimento que la vida es más fuerte que la muerte?
Porque a los dos días de caer las primeras lluvias tan esperadas, el campo se vuelve fresco, verde, nuevo. Se diría que las semillas están esperando esas primeras gotas de agua para nacer, para resurgir del fondo de la tierra donde dormían, para decirnos que hay vida. No ha sido una lluvia torrencial, sino unas pocas gotas de agua han servido para darnos la certitud que no todo estaba perdido.

Cuando queman el campo y queda todo hecho cenizas, a los pocos días nacen unas flores amarillas preciosas que contrastan más con el negro de la tierra. Estas flores son un regalo para los ojos y para el corazón. Era necesario quemar los rastrojos, las malas hierbas para que estas flores aparecieran a nuestras miradas y más si sabemos que son una muy eficaz medicina.
Las cosas de la vida son como son y todo cambiara a su tiempo y a su manera. De nada vale acelerar el ritmo de la naturaleza. Solo cabe esperar con esperanza cuando hemos hecho todo lo que estaba en nuestras manos, solo cabe estar abiertos y disponibles para dejarnos transformar por esas gotas de agua que aparecen en la mano de una amigo, en la mirada de un anciano, de un niño, en una oración…, esas gotas que cambian el rumbo de nuestra vida, porque, como decía Juan XXIII, “Nuestra vida esta en manos de Dios y El lo sabe”.
Y porque estamos al servicio de la vida, con nuestra presencia, con nuestro trabajo, todo reverdece y una alfombra de colores cubre las cenizas ya olvidadas…Y solo han bastado unas gotas de agua fresca…
Cada día me convenzo más que a optado por la Vida….
Un fuerte abrazo
Encarnación

Noticia de ùltima hora: Un equipo de jóvenes de la JEC de Materi se ha presentado al concurso de Biblia que la Comision Diocesana de Jóvenes organiza cada año y este año se han llevado el primer premio. Ha sido estupendo verlos. Estoy muy orgullosa de ellos.
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